lunes, 19 de octubre de 2009

LA PARADOJA DE LOS CRISTALES ROTOS


Bayona, 1839. Un gamberro lanza una piedra contra una panadería y rompe una
ventana. El panadero sale enfurecido y se echa a llorar porque va a tener
que pagar un nuevo cristal. Los viandantes se reúnen a su alrededor y, al
principio, se solidarizan con su desgracia. De repente, uno de ellos
explica que el infortunio no es tal ya que el dinero que el panadero va a
gastar representará un ingreso para los cristaleros (quienes, al fin y al
cabo, viven de los cristales rotos). Éstos van a gastar ese dinero en la
carnicería en beneficio de los carniceros, que a su vez van a gastarlo en
el teatro en beneficio de los actores, y así sucesivamente hasta suponer un
enorme efecto positivo sobre la economía agregada, a través de lo que los
economistas keynesianos llaman el efecto multiplicador.
Tras concluir que la gamberrada era buena para la sociedad, los viandantes
abandonaron al panadero a su suerte.Esta historia, conocida como la
paradoja de los cristales rotos, fue contada por primera vez por el
economista francés Frédéric Bastiat en 1839 en un fantástico libro llamado
Ce qu’on voit et ce qu’on ne’voit pas (Lo que se ve y lo que no se ve). La
tesis principal del libro es que muchos analistas cometen errores
garrafales porque se fijan sólo en «lo que se ve» e ignoran «lo que no se
ve». En el ejemplo del cristal roto «lo que se ve» es que el panadero va a
tener que gastar dinero para reparar la ventana y eso va a afectar
positivamente a quien recibe el pago, el cristalero. «Lo que no se ve» es
que el dinero que el panadero gastará en cristales iba a ser destinado a
comprar otras cosas, como por ejemplo, un traje. Al no poder comprarlo, el
sastre no ingresa nada, el carnicero del sastre tampoco y los teatros a los
que iba a acudir el carnicero del sastre tampoco. Es decir, que el efecto
multiplicador resultante de reparar el cristal solamente sustituye a un
efecto idéntico que hubiera generado el gasto en cosas alternativas. Al no
haber efectos netos positivos, lo único que queda es un cristal roto... Y
eso es malo.

pillao de un correo